martes, 13 de abril de 2010

Drogas

Hoy en día en la sociedad se han implantado unos "valores" opuestos a los verdaderos valores éticos de siempre. Los falsos valores son seguidos con facilidad, sobre todo por la gente jóven, pues su personalidad aún se encuentra en proceso de formación.
Hoy es muy difícil salir de fiesta y diversión y no toparte con el alcohol, el sexo y las drogas. Hace falta tener mucho coraje para rechazar la tentación de la droga, cuando tus propios amigos y compañeros la consumen de forma habitual y, sobre todo, aceptada socialmente. Incluso si el chico jóven tiene suficiente personalidad para negarse a consumir un canuto o una pastilla le tratarán como un pringao, porque no sigue el modelo de la modernidad y la diversión actual. De este modo el defecto lo tiene el que no consume a los ojos de toda la pandilla drogadicta y jóvenes despersonalizados. Así se cae en la tiranía de las mayorías.
Preguntemos por qué el deseo de la droga.
El consumo de la droga es atrayente porque te hace volar a otra realidad ficticia; el jóven busca sentir placer y a la vez escapar de su propia realidad cotidiana, te hace sentir con un poder para poder tragarte el mundo, sientes que todo el poder lo tienes tú, y que tienes una resistencia ilimitada. Te hace sentirte importante. Todos queremos sentirnos importantes, y si la droga nos facilita el serlo, consumiremos, para poder sentirnos bien con nosotros mismos. Pero esto es autoengañarse, es huir de uno mismo, caer en un vacío profundo, apartándose del amor a uno mismo, del amor a los demás y en definitiva del amor a Dios.
El chico de la historia, dejó de ser si mismo y cayó en las drogas, quizás buscando la aceptación de sus colegas. Pero el precio que tuvo que pagar fue muy alto, traicionó a sus padres, traicionó a su profesor, y se traicionó a si mismo; fue de engaño en engaño y llegó un momento en que su vida no se podía sostener sobre una gran mentira. Pero Dios le dió una oportunidad para que cambiara y, a través de su madre, el jóven la aprovecho y siendo valiente, decidió dar un giro a su vida. Pidió perdón por su vida anterior y rectificó sus actos. He hizo el compromiso de luchar por su libertad y se sometió a una cura de desintoxicanción y que espera que con la ayuda la voluntad y el coraje salga adelante.

1 comentario:

  1. A veces las historias no acaban tan bien. Pero vale la pena que hayas captado la esencia del problema, que no está tanto en las drogas sino en la debilidad de la personalidad que da el paso de "juguetear" con las mismas... ¡Muy bien!

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