- Para comenzar, el primer ejemplo que doy es ayudar a un compañero o hermano en la tarea. Esto supone un sacrificio de mi tiempo de ocio para ayudarles a salir adelante en sus tareas escolares, de esta forma doy más valor a las personas que a las cosas y a la propia autosatisfación personal. Es decir, soy feliz haciendo feliz a otros.
- Ayudar en las tareas de casa: dejo mi comodidad y mi descanso para ayudar en casa y así quitar cargas a otros miembro de mi familia. Así ayudo a que descansen mis familiares y a enseñarles, de esta forma, que me preocupo también por ellos, porque los amo. De esta forma comparto y valoro el esfuerzo de las tareas domésticas y le doy el valor que realmente tienen. Es un acto de humildad y solidaridad servir a los demás en las tareas cotidianas.
- Atención a familiares ancianos, enfermos o desvalidos: una de las mejores formas de mostrar la solidaridad es ayudar a aquellas personas que están impedidas de poder realizar cualquier tarea sencilla por estar impedidos por la edad o por la enfermedad, en este caso todos estamos obligados moralmente a ayudar a estas personas, porque sin nuestra ayuda no pueden salir adelante, al más caído es al que hay que levantar. Esta es la grandeza del ser humano, hacer que los enfermos o los ancianos se sientan apoyados en todo momento y darles la esperanza de que saldrán adelante a pesar de la edad o la enfermedad.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
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Los tres párrafos... ¡de 10!
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